Pulgas

Pulgas

Las pulgas son insectos que pertenecen al orden Siphonaptera que incluye cerca de 2500 especies. Todas estas especies son parásitas en su fase adulta y sus piezas bucales están modificadas para poder perforar la piel y succionar la sangre. Además tienen una morfología similar con el cuerpo muy comprimido en sentido lateral y con el tercer par de patas más desarrollado y adaptado al salto, que es una de las características principales de los adultos (la pulga del gato puede saltar hasta 30 cm). Para la salud humana las pulgas más importantes son las que se encuentran en los roedores ya que pueden transmitir diversos patógenos, entre ellos los causantes de la peste (Yersinia pestis) o el tifus murino o endémico (Rickettsia typhi). Sin embargo, en el entorno humano es más frecuente encontrar otras especies, habitualmente sobre perros o gatos domésticos, que pueden afectar al ser humano. Las más importantes pertenecen a la familia Pulicidae y son: la pulga del gato Ctenocephalides felis, la del perro C. canis y la pulga del hombre Pulex irritans.

 

Morfología

Son pequeños insectos (2-2,5 mm longitud los adultos) aplanados lateramente, de color marrón amarillento o marrón más oscuro. No tienen alas. El cuerpo está muy esclerotizado y con numerosos pelos. La cabeza es pequeña, con antenas y los ojos rudimentarios. La parte anterior del tórax (pronoto) se encuentra inmediatamente a continuación de la cabeza. Es típico de varias especies la presencia de una serie de fuertes espinas similares a peines (ctenidios) encima de las piezas bucales (ctenidio genal) y/o en el pronoto (ctenidio pronotal)  Las patas son bastante largas, especialmente el tercer par de patas adaptado para el salto.

Las tres especies más comunes en las casas se diferencian por la forma de la cabeza y por la presencia de los ctenidios. La pulga del gato tiene ctenidio genal y pronotal, y la cabeza es más de dos veces más larga que ancha. La pulga del perro es muy similar a la del gato diferenciándose por la longitud de la primera y de las dos últimas espinas del ctenidio genal y porque la cabeza es menos de dos veces más larga que ancha. La pulga del hombre es algo más pequeña, de cabeza redondeada más larga que ancha y no tiene ningún ctenidio.

 

Biología

Las pulgas adultas pueden poner aproximadamente 400 huevos, en ciclos diarios (hasta tres) después de haberse alimentado. La pulga del gato puede depositar entre 14 y 22 huevos por día (la pulga del hombre entre 2 y 6), viviendo 1-2 meses sobre el huésped (los machos algo menos). Los huevos, de unos 0,5 mm de longitud, normalmente caen al suelo donde eclosionan a los 2-4 días, aunque este tiempo puede variar mucho dependiendo de la temperatura y humedad ambiental. La larva que nace es un gusano de color blanco-amarillento, sin patas, que puede alcanzar hasta 6 mm de longitud. La larva se alimenta principalmente de la sangre no digerida presente en las excretas de los adultos. Después de ingerir la sangre la larva adopta un color rojizo. Las larvas pasan por tres fases diferentes y el último estadio (a las tres o cuatro semanas, aunque siempre dependiendo de la humedad y temperatura) hace un capullo de seda de unos 3 mm, del que emerge el adulto en unos 7 días. Sin embargo, para que el adulto surja es necesario algún tipo de estímulo como movimiento, calor o dióxido de carbono que indique la presencia de un posible hospedador. Una vez que nace, el adulto empieza inmediatamente la búsqueda de un posible huésped, pudiendo sobrevivir hasta 20 días sin encontrar uno. Una vez encontrado, los adultos se aparean a las pocas horas.

 

Importancia para el hombre

Aunque la transmisión de patógenos como el de la peste se realiza principalmente por las especies de pulgas de roedores, la pulga del gato puede transmitir tifus murino y la bacteria Bartonella henselae causante de la enfermedad del “arañazo de gato”. Así mismo, tanto la pulga del perro como del gato pueden transmitir el gusano platelminto Dipylidium caninum o “tenia del perro”.

Sin embargo, lo más común es la reacción a las picaduras causando inflamación y picor, así como posibles reacciones alérgicas a la saliva tanto en humanos como en perros o gatos (dermatitis alérgica, por ejemplo).